Operativo desestabilizador: el turno de Nisman

La Mesa Nacional del frente Nuevo Encuentro repudia la nueva embestida contra el Gobierno nacional planificada por el poder económico concentrado, con la complicidad de la corporación mediático-judicial, que intenta desestabilizar el orden democrático.


Nuevamente la democracia argentina enfrenta la agresión política de las fuerzas que históricamente la sabotearon e impidieron su consolidación. Esta vez la cabecera de playa del operativo desestabilizador es el fiscal a cargo de la causa AMIA que, más de veinte años después del bárbaro atentado que costara la vida de 85 hombres y mujeres, sigue sin producir avance alguno en la dirección de su esclarecimiento y el justo castigo de sus responsables. Alberto Nisman ha salido a la palestra pública, pero no para informar algún logro en la causa AMIA sino, en cambio, para acusar a la presidenta de los cuarenta millones de argentinos y argentinas de haber firmado un documento de entendimiento con el gobierno de Irán para encubrir a los responsables.

Como es de rigor en estos casos, la "denuncia" del fiscal ha concitado el alboroto de las grandes empresas mediáticas, para las que las leyes y las autoridades legítimas de la democracia no merecen el más elemental respeto. Rápidamente han atribuido entidad jurídica y política a la irresponsable conducta del funcionario judicial y activan una vez más el clima de incertidumbre y la desestabilización de las instituciones. Aparece con gran claridad que el accionar de Nisman es parte de la estrategia de ataque a nuestro gobierno por parte de los poderes concentrados, a través de un sector del poder judicial. La movida mediático-judicial viene a ser un sustituto funcional del fracasado "operativo caos" que hacía soñar a la derecha golpista con un diciembre incendiado de protestas y disturbios y enmarcado en una nueva corrida financiera contra la economía, la institucionalidad y la paz de los argentinos. El poderoso lobby de un sector del Poder Judicial argentino, el mismo que colaboró con el terrorismo de Estado de la dictadura, el que apañó a sus responsables, el que validó el saqueo al patrimonio nacional perpetrado en los años noventa y el que sigue representando al mundo de los grandes negocios financieros del poder concentrado, ha ocupado en estos días el lugar de vanguardia en la promoción de un clima político de amenaza a la vida democrática. Lo hace, entre muchas otras cosas, bloqueando arteramente la designación de fiscales necesaria para la entrada en vigencia de la nueva y progresista ley que instaura un nuevo código de procedimientos penales, atacando para eso a la procuradora general de la Nación cuya actuación encaja plenamente en la normativa legal; lo hace también, trabajando activamente para permitirle al grupo clarín comandado por Magneto violar la ley de medios durante los últimos cinco años. Lo anima la pretensión de sentar en el banquillo de los acusados, no a los autores del vaciamiento económico, a los evasores, narcolavadores y delincuentes económicos de diversa laya, sino a la máxima autoridad democrática de la república.

No puede dejar de observarse como otro síntoma de descomposición colectiva de ciertos segmentos de la "familia judicial", la visible colusión entre el accionar de Nisman y la operatoria de un grupo de funcionarios recientemente desplazados del servicio de inteligencia de la nación. Parece que la limpieza de la SI desató una lógica de autodefensa corporativa entre ciertos espías y ciertos funcionarios judiciales, cuyo modus operandi es el de la provocación política de máximo nivel. Ya no hay dudas sobre el sentido y el alcance de este accionar: a pocos meses de la histórica instancia electoral que decidirá el futuro de los argentinos, se proponen debilitar el poder de la presidenta Cristina Kirchner, bloquear su capacidad para encabezar el proceso político de su sucesión presidencial, al frente de la fuerza que gobierna hoy la Argentina y enmarcar los últimos meses de su presidencia en un clima lo más caótico posible. Nisman es hoy el vocero más visible de los que conjuran a favor de la restauracion neoconservadora en la Argentina, de los que quieren sellar un pacto de impunidad para los corresponsables civiles del terrorismo de Estado desde las filas de los grandes negocios empresarios y la corporación judicial, de los que quieren volver al dominio político incompartido de los grupos sociales del privilegio.

La maniobra de Nisman es no sólo inmoral y políticamente dañina sino, además, abiertamente ilegal. El memorandum de entendimiento con Irán no fue una decisión personal de la presidenta, fue el resultado de una ley del Congreso de la Nación, tal como lo exige la Constitución en circunstancias como éstas. Su sentido fue y sigue siendo abrir un camino alternativo de avance de la causa AMIA, haciendo efectiva la investigación a ciudadanos iraníes involucrados en ella. Quienes critican el memorandum deben mostrar otros caminos para avanzar con la investigación; de otro modo la resistencia a intentar el acuerdo con Irán no es otra cosa que la resignación a la parálisis de la causa que ya lleva varios años. El fiscal Nisman decidió, al poner en marcha este operativo de inocultables motivaciones políticas no sólo alejadas de su competencia sino profundamente reñidas con las mismas, unir su nombre definitivamente al del conjunto de responsables de la impunidad de los criminales que perpetraron el atentado.

El frente Nuevo Encuentro repudia enérgicamente esta maniobra y a quienes desde el campo político partidario la envuelven en la retórica de la república y las instituciones. Hay, lamentablemente, un sector de la oposición que intenta tapar su ausencia de proyectos políticos sumándose al show montado por un funcionario judicial y la cadena mediática de la antidemocracia. Muchas de esas figuras políticas han encontrado un lugar destacado en los cables de la diplomacia de Estados Unidos recientemente dados a conocer, que revelan, por si hiciera falta, el activismo político de ese país en contra de las instituciones democráticas en diversas partes del mundo. Son los que hacen "carrera política" tomando el té, luciendo intimidad política en ciertas embajadas, y los que no vacilaron en denunciar una supuesta negación de la democracia argentina ante funcionarios de otros países, en una clara manifestación golpista. Al respecto, los cables de Wikileaks dan prueba fehaciente de las visitas de Alberto Nisman, entre muchos otros políticos locales, a la embajada norteamericana en Argentina para entregar información y recibir instrucciones.

Por eso, el frente Nuevo Encuentro convoca a defender a nuestro gobierno y a nuestra compañera presidenta, y se solidariza con los compañeros militantes víctimas de las operaciones de las corporaciones mediáticas y judiciales. Creemos que es necesario el máximo nivel de alerta y movilización de todos los argentinos y argentinas que queremos continuar con el proyecto político que ha generado la inclusión social, la generación de millones de puestos de trabajo, el crecimiento económico, la redistribución más justa de la riqueza. Y estamos seguros de que la democracia y la soberanía nacional, en tanto pilares del proyecto de transformación puesto en marcha en mayo de 2003, saldrán fortalecidas una vez que se conozca la verdad sobre la actuación del fiscal Nisman, como parte de toda la cadena de encubrimientos que ha impedido hasta hoy a los argentinos conocer lo que sucedió en el infausto episodio de la AMIA. Los argentinos necesitamos luz y verdad sobre ese crimen, sobre la responsabilidad del menemismo en aquella ocasión y sobre todas las maniobras oscuras que desde diferentes instancias judiciales, de inteligencia, políticas y mediáticas han impedido la verdad y la justicia para las víctimas del salvaje atentado terrorista. Una verdad y una justicia que reclaman los familiares de las víctimas y que ansía todo el pueblo argentino.

Mesa nacional frente NUEVO ENCUENTRO. 17 de enero de 2015

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